Los almuerzos de Franco

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Franco era un ser humano, como todos, claro. Pues bien, también como todos comía.

Gracias al guardia civil Carlos Palacios Miguel, del servicio personal del Caudillo, se han conservado algunos de los menús que se le sirvieron en 1939. Aunque lógicamente era su mujer, Dña. Carmen, la que se encargaba de tal cuestión, a él le gustaba implicarse. ¡Y a quién que pueda no!  Normal. Eso sí, como ambos guardaron siempre ayuno y la abstinencia todos los viernes del año, no sólo los de Cuaresma, como se hace ahora… bueno, y ya ni eso, los viernes nada de carne y poco, poca comida.

En los siguientes documentos se observan algunos de los gustos de Franco y su esposa. Sobre todo comida española, sencilla, normal, variada y… que es la mejor del mundo, digan lo que digan los franceses; también que, al menos el Caudillo, era goloso. Al parecer sentía debilidad por los huevos rellenos de bechamel –a la Aurora-, por la tortilla a las finas hierbas, el cocido madrileño y la crema de limón. A sus invitados también les ofrecía siempre comida española; ¡pues claro, qué mejor!

Lo que no dicen estos menús es que al Caudillo le gustaba sentar a su mesa –junto a su mujer e hija– a embajadores españoles y extranjeros, ministros, políticos o otras personalidades con el fin de estrechar relaciones, conocer sus opiniones y debatir de forma informal los asuntos de actualidad. Tampoco dicen los menús que cuando no tenía a tales personas invitadas, sentaba a la mesa al oficial de guardia del Palacio del Pardo, fuera Teniente o Capitán. Y es que Franco fue siempre hombre sencillo y llano. Eso sí, se les advertía a dichos oficiales que dejaran que fuera Franco quien eligiera los temas de conversación para evitar salidas de tono.

Que disfruten con las fotografía y… con los menús

 

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